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El Solar wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer, más conocido como SMILE, ya ha sido lanzado, abriendo un nuevo capítulo en la investigación del clima espacial justo cuando el Sol se encuentra cerca de una fase más activa. La misión conjunta de la Agencia Espacial Europea y la Academia China de Ciencias está diseñada para lograr algo que los investigadores llevan décadas queriendo: observar el escudo magnético de la Tierra como un sistema completo, y no solo como un conjunto de mediciones locales.
Esa diferencia es el núcleo de la misión. Las tormentas solares y el flujo constante del viento solar pueden azotar la magnetosfera terrestre, provocando auroras y, en los casos más intensos, perturbaciones que afectan a satélites, comunicaciones y redes eléctricas. Sin embargo, la magnetosfera es enorme e invisible. ¿Cómo se entiende una burbuja protectora que no puede verse directamente? La respuesta de SMILE es convertirla en un objetivo observable, captando vistas globales en rayos X suaves y luz ultravioleta, a la vez que toma muestras del plasma circundante y del entorno magnético.
SMILE despegó en un cohete Vega-C desde el Puerto Espacial Europeo en la Guayana Francesa a las 04:52 BST / 05:52 CEST del 19 de mayo de 2026. Según la ESA, el primer contacto se realizó a través de la estación terrestre New Norcia de la agencia en Australia, y poco después se desplegaron los paneles solares de la nave, confirmando un inicio exitoso de la misión.
La herramienta más distintiva de SMILE es su Soft X-ray Imager, construido en Europa, que producirá vistas globales en rayos X suaves de regiones clave de frontera donde el viento solar se encuentra con las defensas magnéticas de la Tierra. Entre ellas están el bow shock, la magnetopause y los cusps, donde las partículas solares pueden canalizarse con mayor facilidad hacia la atmósfera superior. Los rayos X provienen de procesos de intercambio de carga, lo que permite a la misión trazar dónde está ocurriendo la interacción en lugar de inferirla de manera indirecta.
Esa perspectiva se complementa con el Ultraviolet Imager, que observará el óvalo auroral y seguirá cómo se deposita la energía en la atmósfera superior de la Tierra. La ESA afirma que SMILE podrá observar de forma continua las auroras boreales durante hasta 45 horas seguidas, ofreciendo a los científicos una visión inusualmente prolongada de cómo las perturbaciones se transmiten desde la magnetosfera hacia la ionosfera.

Dos instrumentos in situ completan el panorama: un magnetómetro y un analizador de iones, ambos aportados por la Academia China de Ciencias. Estos medirán los campos magnéticos y las partículas locales alrededor de la nave, anclando las espectaculares imágenes globales en mediciones físicas directas. En conjunto, los cuatro instrumentos deberían permitir a los científicos vincular los cambios en el viento solar con los cambios en el entorno magnético terrestre casi en tiempo real.
| Resumen de la misión SMILE | Detalle |
|---|---|
| Socios de la misión | Agencia Espacial Europea y Academia China de Ciencias |
| Lanzamiento | 19 May 2026, 04:52 BST / 05:52 CEST, on Vega-C from French Guiana |
| Principales instrumentos de imagen | Soft X-ray Imager y Ultraviolet Imager |
| Instrumentos in situ | Magnetómetro y analizador de iones |
| Extremos de la órbita | Unos 121.000 km por encima del Polo Norte y 5.000 km por encima del Polo Sur |
| Ciencia de rutina | Se espera que comience en julio tras la puesta en servicio y la calibración |
| Duración nominal de la misión | Tres años |
La órbita de SMILE está tan cuidadosamente elegida como sus instrumentos. Durante el mes posterior al lanzamiento, la ESA indicó que la nave elevaría su altitud mediante 11 encendidos del motor, hasta alcanzar finalmente una órbita extremadamente elíptica. En su punto más alto viajará hasta unos 121.000 kilómetros por encima del Polo Norte, mientras que en el punto más bajo descenderá hasta alrededor de 5.000 kilómetros por encima del Polo Sur.
Esta geometría es importante porque permite que la nave permanezca durante más tiempo a gran altura sobre la región polar norte, donde puede mantener en su campo de visión la magnetosfera del lado diurno y las auroras durante largos intervalos. En los pasos por el hemisferio sur, los datos pueden enviarse de forma eficiente a los científicos en tierra, también a través de la estación de investigación Bernardo O’Higgins en la Antártida mencionada en la cobertura previa al lanzamiento. Esa vista larga e ininterrumpida es precisamente lo que a menudo faltaba en misiones anteriores: muchas naves muestrearon la magnetosfera de forma brillante, pero solo desde un punto cada vez.
La ESA señala que la recopilación de datos de la misión comenzará en serio en julio, una vez que se hayan desplegado las pértigas, se hayan abierto las cubiertas de las cámaras y se hayan completado las comprobaciones de salud de los instrumentos. La duración nominal de la misión es de tres años, con la posibilidad de operar durante más tiempo si la nave se mantiene en buenas condiciones.

SMILE no es un satélite operativo de alerta, ni una misión dedicada a observar el Sol al estilo de los observatorios solares. Su foco es la Tierra: en concreto, cómo reacciona el entorno magnético de nuestro planeta cuando llegan flujos de partículas cargadas y erupciones más intensas procedentes del Sol. Puede parecer un matiz, pero para la ciencia del clima espacial supone un cambio importante.
Cerca del máximo solar, cuando la actividad del Sol tiende a ser más frecuente e intensa, la necesidad de mejores modelos se vuelve más apremiante. Las eyecciones de masa coronal pueden cruzar el espacio entre el Sol y la Tierra en tan solo uno o dos días, y las tormentas geomagnéticas severas pueden alterar la infraestructura moderna de formas a las que el siglo XIX nunca tuvo que enfrentarse. Satélites, astronautas y sistemas de comunicación están mucho más cerca del problema de lo que lo estuvieron en su día las líneas telegráficas.
Lo que aporta SMILE es el contexto global que faltaba. Las misiones que realizan mediciones locales siguen siendo indispensables, pero por sí solas no pueden mostrar cómo una frontera magnética completa se flexiona, se comprime y se reconecta bajo el empuje del Sol. Al vincular imágenes en rayos X suaves de la magnetosfera con vistas ultravioletas de las auroras y mediciones directas de partículas y campos, SMILE debería ayudar a los investigadores a poner a prueba y mejorar modelos físicos del clima espacial.
También hay un significado más amplio en la estructura de la misión. La ESA y la Academia China de Ciencias seleccionaron, diseñaron, implementaron, lanzaron y operarán SMILE de manera conjunta, lo que la convierte en un ejemplo poco frecuente de cooperación internacional profunda en ciencia espacial. Aun así, la verdadera historia es científica: tras décadas de tratar el escudo magnético de la Tierra como una burbuja protectora abstracta, ahora contamos con una nave diseñada para observar ese escudo en acción.
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